martes, 23 de agosto de 2016

23 DE AGOSTO

Cuando nos levantamos vemos que el supuesto zorro ha movido dos huesos que había dejado en el jardín, o sea, que no era una leyenda urbana.

Tras un opulento desayuno en el que, como es habitual, planificamos el día mientras comemos jamón, decidimos dejar hoy dejamos los museos para por la tarde, ya que los niños han hecho planes y están hartos de museos.

Salimos de casa dirección al PALACIO DE BUCKINGHAM para ver el famoso cambio de guardia. Nos bajamos en HYDE PARK CORNER y atravesamos el WELLINGTON ARCH, un arco de 1825 que conmemora la victoria británica en las guerras napoleónicas.




Por CONSTITUTION HILL llegamos al palacio a las 11.30, justo a la hora. Está la reja del palacio que ya la quisieran pa ellos los almonteños. Hace un calor tremendo, y con el sol de frente no vemos más que unos puntitos rojos entre las cabezas de los japoneses que copan el palacio.

Así que con el permiso de su divina majestad nos vamos hacia St. JAMES PARK, un precioso parque con una extensión de 23 hectáreas, con muchas ardillas y sobre todo muchos patos de los que le gustan a Rocío. Tiene un lago con dos islas, WEST ISLAND y DUCK ISLAND (donde viven los patos que le dan nombre). En un extremo hay una casa donde vive el cuidador de los pajaros.



Esa casa se llama Duck Island Cottage, es una pintoresca casa de campo en pleno centro de Londres, un lugar que ha sido durante mucho tiempo el refugio para multitud de aves acuáticas. Aves de diversos tipos, tanto nativas como extranjeras, se han mantenido aquí desde 1612, en un aviario a lo largo de lo que hoy es Birdcage Walk.

En 1532, el famoso Enrique VIII compró la zona donde hoy se ubica el parque, que por aquellos entonces era una marisma pantanosa. Cuando Jacobo I ascendió al trono en 1603, ordenó que se drenara y se ajardinara, y lo utilizó de zoológico, donde guardaba a los animales exóticos que le traían como presentes, principalmente de los viajes a las colonias, entre los que había camellos, cocodrilos y un elefante, así como varias aves exóticas.

Fue Carlos II quien creó el cargo de “Gobernador de Duck Island" y Guillermo III el que mandó construir la primera casa de guarda. A pesar de ser descrita en la época como “uno de los retiros de verano con más encanto imaginables” o “un paraíso en miniatura“, fue destruida en 1771 y reconstruida después de 1840, gracias a la Sociedad Ornitológica de Londres que exigió que se volviera a construir un refugio para el cuidador de las aves. El arquitecto John Burges Watson diseñó Duck Island Cottage tal como lo conocemos hoy en día, y construyó una pequeña casita de campo, irregular, de inspiración suiza, para contrastar con la arquitectura cada vez más monumental de las oficinas gubernamentales que se erigían en los alrededores de Whitehall. Desde 1953 esta deshabitada.


Con las ardillas y los patos estuvimos más tiempo que con la guardia real.

Pasamos ante el Guards Division Memorial, un monumento a los soldados muertos en la Primera Guerra Mundial y de allí al Horse Guarde Parade, donde los pobres guardas tienen que aguantarnos a los turistas haciendonos fotos mientras ellos hacen guardia. Sobre todo hay uno que nos da especial pena, está con todo el solitrón de cara y dándole en la pechera de metal plateado que tiene, y que va a poder utilizar para freír los huevos cuando llegue a su casa.



De alli vamos a DOWNING STREET, la calle donde está la casa del primer Ministro.



Y seguimos hasta el final de la calle, donde está la ABADÍA DE WESTMINSTER. Nos metemos en la Capilla de sta. Margarita a descansar un rato entre lápidas, ya que preferimos no entrar en la abadía porque vale 20£. Leemos en la guía que se conservan los desperfectos causados en la guerra, como una vidriera que está rota, lápidas ennegrecidas por una bomba de aceite que cayó y un banco quemado. Cada banco tiene un cojincillo bordado a punto de cruz con las iniciales del que se sienta en el banco (eso nos lo imaginamos, ya que en la guía no viene), lo que sí es cierto es que conserva cada uno ácaros desde la época de la reina Victoria.




Nos hacemos una foto en el famosísimo reloj de la torre BIG BEN, seguimos hacia TRAFALGAR SQ., y entramos en la NATIONAL GALLERY, más que nada a hacer pipi. Hay una cosa muy curiosa que hemos descubierto en este periplo que hacemos por los baños públicos. El agua del grifo sale caliente, pero caliente caliente, vamos, que en algunos sitios te achicharras, por lo visto es para que la gente no beba ya que el agua de Londres es muy mala.

Recorremos algunas salas pero rapidito, sobre todo vemos las de los impresionistas, donde están los Girasoles de Van Gogh entre otras obras maravillosas.

Pero es hora de comer y el hambre aprieta, así que vamos hacia el Támesis, compramos sushi y comemos en WHITEHALL GARDENS, en unas hamaquitas la mar de cómodas.


Al lado nuestra había una señora, que nos dice en un momento dado que nos está escuchando y que sabe español porque nació en Gibraltar. Se llama Anita y se vino a Londres en la Segunda Guerra Mundial, baila bailes de salón y sevillanas ¡con 87 años!, dice que en ese parque hay actuaciones y que se baila, y que un viudo quiso bailar con ella y que "le echó el baile a perder".



Después de comer los niños se van de compras, y Miguel a un partido de fútbol con un amigo suyo. Nosotras nos vamos a la TATE BRITAIN, que está en Millbank, bastante lejos. Hay una exposición que se llama:

Es muy curiosa. En ella se ve la influencia de la fotografía en los pintores prerrafaelistas. Muchos de ellos colocaban a las modelos en las posturas que querían pintar y las fotografiaban para pintar de ahí en vez del natural.



Cuando acabamos con la exposición nos paramos en la tienda y luego vamos a las salas, aunque nos persigue un guarda echándonos, porque quieren cerrar. De refilón vemos una sala con grandes esculturas de Henry Moore.

Salimos por el lateral del edificio, que muestra los daños de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, hay varios agujeros en la piedra. Enfrente hay una facultad de arte. Parece un barrio tranquilo. Tarde nos enteramos que hay un barco que une las dos Tates, y que podíamos haber cogido más que nada por darnos un paseo "free" por el río.

Volvemos a casa, nos bajamos en la estación de Queensway y entramos almacenes Whiteleys. En un Marks and Spenser compramos comida y llegamos a casa las 9'30, cansadas pero satisfechas.

lunes, 22 de agosto de 2016

22 DE AGOSTO

Tras un opíparo desayuno salimos callejeando por nuestro barrio, BAYSWATER.

En el libro de Enric González dice:
"Hay que ser consciente de que una ciudad inglesa es una vasta conspiración para desorientar a los extranjeros", explica George Mikes en su clásico How to be a Brit. Y prosigue con algunas de las trampas para foráneos: se da un nombre distinto a la calle en cuanto haga la menor curva; pero si la curva es tan pronunciada que crea realmente dos calles distintas, se mantiene un mismo nombre. Por otra parte, si, por error, una calle ha sido trazada en línea recta puede recibir muchos nombres.
Dado que algunos extranjeros ingeniosos pueden orientarse incluso bajo tales circunstancias, son necesarias algunas precauciones adicionales. Hay que llamar a las calles de muchas maneras: street, road, place, mews, crescent, avenue, rise, lane, way, grove, park, gardens, alley, arch, path, walk, broadway, promenade, gate, terrace, vale, view, hill, etcétera.
Y eso es lo que pasa en nuestra calle. Comienza llamándose GARWAY RD. en nuestra zona, pero tres casas más adelante se llama LEINSTER SQ., das unos pasos y ya estás en PRINCE'S SQ. y más allá en ILCHESTER GARDENS, en una esquina nos encontramos con The Greek Orthodox Cathedral of the Divine Wisdom (Hagia Sophia) y entonces la calle pasa a llamarse ST. PETERSBURGH RD., ya hasta el final que desemboca en BAYSWATER RD. y en LOS JARDINES DE KENSINGTON.

Antes de seguir el paseo paramos a cambiar euros en libras. Por 300 euros nos dan 255 libras.

Entramos en LOS JARDINES DE KENSINGTON, un parque que está unido a HYDE PARK y que antes eran los jardines privados del Palacio de Kensington. Hay muchas ardillas muy graciosas, y nos paramos a darle de comer pero no se fían mucho y enseguida salen corriendo a trepar por los árboles.

Nos acercamos a un gran lago, THE LONG WATER, con mucha variedad de patos, gansos, ocas y cisnes, con los que también pasamos un rato alimentándolos con un bocata de jamón. En estos jardines transcurre la historia de Peter Pan, y hay un monumento que lo recuerda. También se puede visitar el PALACIO, aunque no lo hacemos, tiene un coqueto salón de té y al lado hay unos jardines muy bonitos.



Continuamos por el parque hasta toparnos con el ALBERT MEMORIAL, del que dice Enric González:
“Alberto permanece, para la posteridad, incómodamente semisentado en una garita neogótica y multicolor de 53 metros de altura, con un catálogo de la Exposición”
Por lo visto él se negó a este monumento, pero tras su temprana muerte la Reina hizo lo que le vino en gana, que era ni más ni menos que este mamotreto.

Pues al pobre Albert, precisamente, le dedicamos hoy el día (o por lo menos la mañana). Este rey dejó una honda huella en Londres tras casarse con la Reina Victoria, de acuerdo con sus gustos se construyeron el Royal Albert Hall, la Royal Geographical Society y el imponente Natural History Museum.

Frente al monumento de marras está el Royal Albert Hall, y todo el barrio que lo rodea es South Kensington, con edificios de piedra y ladrillo rojo diseñados por el propio Alberto, que hoy es una zona de embajadas, aunque también pasamos por alguna facultad. Así llegamos a la impresionante fachada del Museo de Historia Natural donde hay una cola inmensa que nos hace desistir en la entrada, y continuamos hasta el VICTORIA AND ALBERT MUSEUM. Lo primero que visitamos es la tienda, donde hay cosas preciosas (aunque caras) mientras los niños entran en la exposición "Engineering the World: Ove Arup and the Philosophy of Total Design" y cuando salen paseamos por algunas salas, porque es tan grande el museo que decidimos ir a la sección de joyería y miniaturas. De camino a nuestra meta pasamos por una gran sala llena de rejas, y otra galería desde la que se ve otra abajo con tumbas y estatuas de piedra renacentistas, y una columna tan enorme que nos preguntamos cómo la han llevado hasta allí.

La salita de las joyas es preciosa, toda de cristal negro, y las vitrinas muestran la evolución de la joyería a lo largo de la historia. De allí pasamos a la de miniaturas, unos retratos que se hacían para concertar matrimonios o para recordar a familiares muertos. Realmente preciosas todas. Rocío nos va explicando curiosidades y las técnicas que se empleaban.

Nos vamos desde allí al patio central, donde hay mucha gente descansando y niños mojándose en la fuente central. Hay una instalación modernísima, como una gran telaraña. Tan bien estamos que nos comemos allí el bocata.


Una vez repuestos nos vamos hacia Exhibition Road, una preciosa plaza con muchas terrazas y cogemos el metro en South Kensington station hasta Temple, con un calor horroroso, más digno del levante gaditano que del clima londinense.

Bajamos en la orilla del Támesis, donde nos encontramos con un edificio que tiene en el tejado una preciosa veleta dorada en forma de galeón. Es el Two Temple Place. Busco en internet y dice que es:
"Is home to the Bulldog Trust, a charity founded in 1983. We host annual exhibitions, showcasing publicly-owned museum and art gallery collections from around the UK.
Our spectacular neo-Gothic mansion is also one of London's most prestigious settings for corporate and private entertaining. We provide an unrivalled venue, combining the grandeur of a state occasion with the intimacy of a private house party".

Al lado hay otro fastuoso edificio de ladrillo rojo, está en Carmelite St. se llama CARMELITE CHAMBERS y dicen que allí luchan contra el fraude fiscal.

Cruzamos el río por el BLACKFRIARS BRIDGE, inaugurado en enero del 2014, es el puente solar más largo del planeta y el segundo de su tipo en el mundo. Sorprende el color del río, es un puro barrizal.



Llegamos hasta la TATE MODERN, aunque sólo visitamos la tienda y los servicios (¡un clásico!) y por supuesto nos hacemos varios selfies en la puerta.

Nuestro siguiente destino es BOROUGH MARKET, aunque nos confundimos y seguimos una ruta equivocada por Southwark Bridge road, llegamos hasta un barrio de casas de ladrillo tipo industrial y unos balcones muy graciosos, de madera con cadenas para plegarlos (cerca de Cooperfield st.). Cuando nos damos cuenta que por ahí se va a Borrough ¡con dos erres! así que damos la vuelta. Al llegar al mercado está cerrado, pero es muy bonito.

Nos tomamos un té de consolación mientras pensamos qué hacer. Los niños deciden irse hacia Convent Garden y nosotras cruzamos por un puente justo a la hora que todos los yuppies salen de la city como hormiguitas,  a las seis de la tarde. Antes nos hacemos una foto con el LONDON BRIDGE al fondo y por poco le saltamos un ojo a un yuppie con el palo selfie, ya que a Rocío lo que de verdad le gusta es grabar un vídeo dando vueltas.

Después de ese incidente cogemos el metro en la estación de Bank y venimos a casa. Acabamos el día con una cervecita en el jardín.

domingo, 21 de agosto de 2016

DÍA 21 DE AGOSTO

Primer desayuno londinense. La casa de día es aún más bonita que de noche, tiene muchísima luz, ya que la cocina tiene un gran ventanal al jardín y el techo también de cristal. Está en la zona de BAYSWATER, un barrio de blancas fachadas tipo Regency, con escaleritas y columnas a la entrada de las casas.

Salimos con destino al BRITISH MUSEUM.



Hay una exposición: Sunken cities: Egypt's lost worlds, sobre ciudades del antiguo Egipto que están sumergidas bajo el agua.
Entran los niños con una tarjeta que lleva Rocío para trabajadores de los museos, con la que no se paga nada, y mientras tanto nosotras nos vamos a las salas de Egipto, ya que el museo es gratuito, después de disfrutar un rato del fantástico hall de entrada, con la cúpula de cristal y, por supuesto, hacernos miles de "selfies" para inmortalizar el momento.



La parte egipcia es impresionante, hay momias de todo bicho viviente: de gatos, vacas y, por supuesto de personas, con sus sarcófagos completamente decorados, y en vitrinas se muestran los útiles y joyas que acompañaban al finado en su último viaje. Las joyas sobre todo son de una finura y una modernidad sorprendentes.

Cuando salen los niños entramos todos a ver los maravillosos relieves asirios, con el león herido y el enorme "espíritu protector". También vemos los frisos del Partenón. Pero de pronto nos encontramos con otra atracción inesperada, una señora completamente vestida de rosa y blanco, con un sombrero con rejilla. Por supuesto nos hacemos una disimulada foto con ella, ya que es una cosa tan digna de ver como cualquier momia egipcia.

Impregnados de tanto arte cogemos la línea de metro color negro (Northern Line) y llegamos a la Camden Town Station para salir directamente a la calle en Camden High Street. Vamos a callejear por CAMDEN TOWN, que alberga uno de los mercados callejeros más famosos y extravagantes de Londres. 

A un lado y otro de Camden High Street los edificios de ladrillo son una composición de colores nada monocordes. En sus fachadas se puede ver un avión boca abajo, unas zapatillas gigantes o unas piernas apretadas por un pantalón negro que simula el cuero. La estética es un poco parecida a nuestra calle del infierno. Todo vale con tal de ser el más atrevido y atractivo a la vez. Porque cada tienda es un reclamo diferente hecho para gente diferente.

Está atravesado por el REGENT'S CANAL, una zona preciosa, con exclusas por donde pasan barcazas. Hay dos mercadillos seguidos, primero The Camden Lock y luego Market Stables. Se mezclan los puestos de ropa de segunda mano y artesanía de todo tipo con los de comida de muchos países del mundo. Es un laberinto de callejones. Allí comemos, después de pateárnoslo todo. Es un hervidero de gente de lo más variada, todas las tribus urbanas están allí, punkies, hippies...

Seguimos nuestro periplo en metro hacia PICCADILLY CIRCUS. En un teatro están representando Harry Potter y el teatro está muy adornado.



La plaza tiene una historia muy curiosa, que cuenta Enric González en su libro "Historias de Londres": hay que remontarse al reinado de Victoria. En 1886 se constató que el pequeño, bonito, y realmente redondo, círculo de Piccadilly se había convertido, tras la rápida expansión hacia el oeste, en el epicentro de Londres. Se creó una nueva avenida, lo que hoy es Shaftesbury Avenue, bautizada así en honor del Earl de Shaftesbury, un filántropo Victoriano que había tratado de mejorar las condiciones de vida de las prostitutas y los indigentes del contiguo Haymarket. Las cosas se complicaron cuando un comité de ciudadanos y el ayuntamiento decidieron ampliar el homenaje a Shaftesbury con un monumento alzado sobre una fuente, que fue encargado al escultor Sir Arthur Gilbert, que decidió que la memoria del noble filántropo merecía pasar a la historia con la imagen del Ángel de la Caridad Cristiana, y diseñó un querubín desnudo. Sin embargo el angelote no apuntaba al cielo, sino a la tierra. Y en su arco no había ya flecha alguna. Al conocerse los primeros bocetos, las malas lenguas —estimuladas al parecer por confidencias del propio escultor— difundieron que la estatua encerraba una broma sobre la impotencia del filántropo. La fuente fue durante décadas objeto de burla, ya que fue diseñada como una gran fuente, pero los recortes (¡también entonces había recortes!!) la dejaron en una fuentecilla que salpicaba a todo el que se acercaba.

Sólo hay anuncios en un lado, porque los edificios del otro lado se alzan sobre terrenos de la Corona.



Los niños se meten en Lillywhites una gran tienda de ropa de deporte, y nosotras nos vamos hacia la Royal Academy of Arts. En cuanto cruzamos el arco de entrada nos damos cuenta que allí hay otro tipo de gente, muy diferente al circuito turístico. "Otra división", como dice Rocío. Hasta el personal de sala tiene otro aspecto más culto y cosmopolita.

Hay una exposición colectiva donde se puede comprar la obra, hay algunos cuadros que tienen hasta quince puntitos rojos. Pero la gran exposición es David Hockney RA: 82 Portraits and 1 Still-life. Se trata de 82 retratos de personas cercanas al autor, todas realizadas con el mismo formato, el mismo color de fondo y sentadas en la misma postura. Es curioso cómo todos reflejan la personalidad del retratado, tan diferentes unos a otros. A la salida nos sentamos en la plaza, donde hay un bar, y todo el mundo parece un personaje de Hockney.

De allí nos vamos a Fortnum and Mason, una impresionante tienda de varias plantas, domde se compra té, galletas y otras cosas de la casa, a unos dependientes con chaqué. Rocío compra té a granel, las dependientas sacan unos preciosos botes metálicos, vuelcan el té en un colador plateado y lo meten en unas bolsas con mucha ceremonia. Muy british todo. 

Vamos caminando por Picadilly St, hasta la IGLESIS DE ST. JAMES. En el jardín hay un café y allí nos sentamos a tomar un té mientras vienen los niños. El camarero es español y muy amable. Tiene un jardín pequeñito pero muy agradable, con fuentes y esculturas, creo que antiguamente era el cementerio. La iglesia es sobria, cuando entré había unas diez personas cantando, y un hombre tumbado a lo largo de un banco roncando más alto que todos los cánticos, aunque nadie se inmutaba.

Cuando al fin llegaron los niños cargados de bolsas nos zampamos los bocadillos de jamón que llevábamos.


Continuamos caminando por la calle cuando escuchamos un estruendo de coches y rugir de motores. En Picadilly Circus había como una concentración de coches de lujo macarras, un ferrary, por ejemplo, forrado completamente de terciopelo negro, otros deportivos de colores chillones. La mayoría de los dueños eran como indios. No sé qué sería eso, pero tenían la calle colapsada.

De allí nos vamos a COVENT GARDEN, uno de los distritos con más encanto de todo Londres. En esta animada zona los artistas callejeros se afanan por mantener un ambiente alegre mientras los visitantes recorren las tiendas y mercados, o disfrutan de un café en una de las agradables terrazas. Nos llueve por primera vez. Está lleno de gente, la mayoría árabes y los indios de los coches caros, que están aparcados allí. Hay muchas mujeres con burka o con el pelo tapado.


De vuelta a casa nos perdimos bajo la lluvia, alrededor del mercado hay tiendas muy chulas (ya cerradas). Cerca de casa paramos en el supermercado y cenamos en casa.

sábado, 20 de agosto de 2016

DÍA 20 DE AGOSTO

Salimos a las 3 de la tarde de Los Remedios, dirección aeropuerto
¡destino London!




La primera avanzadilla está compuesta por Rocío, Carlos, María, y yo, Cristina.

En el aeropuerto nos encontramos con Amelia y Javier, que estaban despidiendo a su hija Amelia, que se va de Master a Holanda.

Sale el avión con retraso, en vez de a las 16,45 salimos a las 17,30.

Miguel estaba en Plymouth embarcado en la Nao Victoria, y a la misma hora, más o menos, tenía que coger un autobus desde Bristol a Londres para reunirse con nosotros, pero antes de apagar el móvil, justo cuando iba a despegar el avión, me encuentro un mensaje suyo diciendo que ya va camino de Londres ¡pero sin dinero y sin comer desde el desayuno!. Me da tiempo a decirle que al lado de la casa hay un bar español cuyos dueños son amigos de Almudena, la dueña de la casa, LA GITANA, que nos espere allí comiendo y que yo pagaré cuando lleguemos, pero lo que no le quita nadie es recorrerse la ciudad andando cerca de una hora arrastrando una maleta de 20 kilos.

Llegó agotado y se zampó una carrillada, tortilla de patata y lagrimitas de pollo con cerveza.

Nosotros aterrizamos en el aeropuerto de STANSTED a las 8'15. Tuvimos que esperar una larga cola para enseñar los pasaportes, no sé si por culpa del Brexit, y otros 5 minutos más esperando al chófer, un rumano llamado Mario, que aparcó en el quinto pino.

Recorremos el camino a Londres aterrorizados por ver los camiones por el lado opuesto al nuestro, y agarrados al salpicadero llegamos a las 9'30 a nuestro destino, GARWAY RD. Mientras yo pago la cuenta de La Gitana, Rocío saluda a Ana, que nos abre la casa y nos explica todos los intríngulis: cómo funciona la alarma, la lavadora, las luces, y nos enseña las habitaciones.

La casa es espléndida y no le falta ni un perejil. Una de las cosas que más nos sorprenden es que nos dice que debemos dejar cerrada la puerta del jardín porque vienen los zorros del cercano KENSINGTON GARDEN.


Por fin cenamos y nos acostamos deseando que sea un nuevo día, nuestro primer día en Londres.